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Mendoza; martes, 21 de octubre de 2014, 05:41 hs

Laguna Niña Encantada

Esta bellísima laguna de Malargüe ha sido siempre una inagotable fuente de inspiración para la imaginación popular de la zona, que rodea de misterio el lugar. Rocas basálticas negras, propias de los procesos volcánicos, hacen de mágico marco a su lecho, poblado por una enorme variedad de especies ictícolas.

Avanzando por la vieja ruta de tierra, 7 kms. al noroeste de las termas de Los Molles, nos encontramos con la laguna de la Niña Encantada. Rodeada de restos de lava volcánica, este lugar de singular belleza, ha dado pie a una serie de ritos y leyendas de diversa índole.

La acumulación de lava volcánica que circunda la laguna proviene de unos cráteres que se encuentran hacia el norte. Éstos hicieron erupción en épocas geológicas recientes derramando el material incandescente sobre el curso de un arroyo que alimentaba la laguna. Aparentemente es el mismo que continúa corriendo por debajo de la maza de piedra y aporta el líquido cristalino al espejo de agua, que desborda por su costado este sobre el río Salado.

En el lugar hay un microclima que ha permitido el desarrollo de una abundante vegetación. Así, en determinadas épocas, podemos disfrutar de una interesante gama de flores. Las aves han encontrado refugio para sus nidos en los huecos de las paredes rocosas y revolotean sobre las azuladas aguas constantemente, mientras entre las algas se pasean tranquilamente las hermosas truchas, que saltan a la superficie cuando tienen a su alcance algún insecto.

Dentro de este marco de perfección que ha elaborado la naturaleza se desarrollan, además, las leyendas de la Niña Encantada. La primera cuenta que hace mucho tiempo estas llanuras junto a la cordillera estaban habitadas por pueblos pacíficos; pero también llegaban hasta ellas algunos pehuenches, pueblo sumamente aguerrido que siempre buscaba imponer sus condiciones. Luego de varios parlamentos se convino unir en casamiento a Elcha, la bella hija del cacique pacífico, con el hijo del jefe de los pehuenches. Todo parecía encaminarse bien, pero la princesa de la tribu estaba enamorada de un joven de su tribu y con él decidieron escapar. Huyeron y cuando se aproximaban a la laguna por la parte mas alta y viendo que los perseguían para hacerles pagar con su vida la afrenta y que no podrían escapar se confundieron en un abrazo y se arrojaron a las heladas aguas. Justo llegaban los perseguidores con la bruja de la tribu al frente y en ese preciso instante se produjo un rayo que alcanzó a la bruja y la convirtió en roca, imagen que perdura hasta nuestros días en lo alto de la montaña. Se cuenta que desde entonces, en las noches de luna, aparece reflejada en las límpidas aguas la imagen de Elcha, que sale a reencontrarse con su amado, haciendo prevalecer el amor por sobre todas las imposiciones caprichosas de las sociedades y es por eso que los lugareños bautizaron así a la laguna..

Existe otra versión de la leyenda que dice que había tribus cuyos caciques eran enemigos. La hija de uno de los jefes se enamoró de un indio de la otra tribu y ambos fueron separados. Al ver su amor frustrado, la india lloraba desconsoladamente en la laguna hasta que se convirtió en piedra.

También se cuenta otra historia relacionada con sirenas de las cuales Dios castigó a una convirtiéndola en piedra, a orilla de la laguna. Y otra sobre un chileno jugador que vendió su alma al diablo; pero cuando el pacto iba a cumplirse (de noche, al borde de la laguna) engañó al Diablo y se quedó con todo.