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Mendoza; lunes, 28 de julio de 2014, 23:32 hs

Caverna de las Brujas

70 kilómetros al sur de la ciudad de Malargüe un espectáculo que se grabará para siempre en sus retinas. En sus salas subterráneas, las estalactitas y estalagmitas adquieren las más diversas formas, dimensiones y colores, haciendo de la Caverna una alternativa de turismo aventura diferente.

La Caverna de las Brujas, está ubicada 8 kilómetros al norte de la ruta Nacional 40, en las cercanías de Bardas Blanca (Valle del Río Grande). A más de 1.800 metros sobre el nivel del mar y bajo el cerro Moncol, recorrer los pasadizos y galerías de esta enorme cavidad natural es una experiencia única que ya disfrutan más de 10.000 visitantes cada año. Con asombro podemos encontrar estalactitas, estalagmitas, velos, mantos, colgaduras excéntricas, chorreaduras y columnas, con extrañas formaciones minerales debidas a las fracturas simples que produjeron al emerger a la superficie los mantos rocosos.

La Caverna fue descubierta en la década del '40 (aunque se presume que fue habitada por los Pehuenches) y aún hoy encierra antiguos secretos en sus laberintos y galerías. Los mineros fueron los primeros que la escudriñaron y desde entonces ha sufrido diversos daños; pero desde 1996 guardaparques de Recursos Naturales Renovables se encargan de su cuidado. Por su parte, los guías de Malargüe son los únicos autorizados para acompañar a los visitantes (proveyéndolos además del equipo necesario: cascos y linternas) en un recorrido turístico de algo más de 200 metros de extensión. Hoy se han acondicionado los pasajes más complicados con elementos de seguridad (como pasamanos y puentes) para que pueda transitar todo el año tranquilamente cualquier persona (salvo menores de seis años).

Trasponiendo la entrada, de 1,80 m. de altura por unos ocho de ancho penetramos en interior de la cavidad. Afuera es todo luz, adentro la noche más oscura. Por ello la Caverna cuenta con un moderno sistema lumínico de 29 lámparas que permite observar su interior. El circuito habilitado a las visitas es de unos 400 metros, lo que implica unas dos horas de recorrido. La sala de la Virgen (donde las estalactitas han formado una figura que se asemeja a la santa imagen) es uno de los ámbitos más espaciosos, y el primer contacto con la caverna y lo desconocido. La Gatera le sigue en nuestro camino, y después de subir y bajar suavemente por ese terreno cortado por las piedras, se accede a otra sala conocida como de Los derrumbes, por los bloques de piedra de considerable volumen que han obstruido parte del espacio.

Ahí se abren dos brazos: uno conduce a la Estalagmita Gigante y el otro hacia la Boca del Tiburón, donde encontramos una escalera de aluminio que nos permite llegar sin sobresaltos al lugar de Los Encuentros, paso previo a la sala de las Flores, donde se han desarrollado un tipo de estalagmitas parietales que asemejan a hongos o corales.

Hay sectores prohibidos al turista, como son las salas del Aislamiento, del Tigre, del Suspiro, y el Jardín de las Brujas que se ubican en distintos niveles. Existe, además, una fauna muy particular adaptada a vivir sin la luz solar. Y cabe agregar que h asta ahora se ha logrado recorrer 5.000 metros de galerías, quedando mucho aún para llegar al final de los laberintos.

Finalmente hay que destacar que no hace mucho se construyó un nuevo ingreso y un mirador sobre el cerro Mocol desde donde se alcanza a ver La Payunia y se puede observar, telescopio mediante, a Júpiter y sus anillos, la luna y un inmenso cielo estrellado. Una propuesta para vivir una aventura diferente en el interior de la tierra o a cielo abierto.